La lujuria de Plutón

La lujuria de Plutón

Será necesario adquirir un mínimo conocimiento del guion plutoniano y la escenografía barrial de Montevideo en donde se desarrolla nuestro artículo: La lujuria de Plutón y con ese fin, presentaremos en primer lugar a nuestro astro infernal.

Plutón o mejor dicho: El diablo

El Plutón romano es el Hades griego y de alguna manera encarna al jefe del infierno sin importar demasiado las condiciones que este reino tenga.

Diferentes historias se pueden tejer y se enseñan distintas maneras de interpretarlo. Algunas más estrictas con la tradición, mientras que otras necesitan auxilio de diversas disciplinas para dar con una explicación coherente de la influencia plutoniana en la carta.

Se dice que Plutón rige Escorpio; entonces, en mi imaginación si Plutón es el diablo, será Escorpio su comarca infernal.

A lo largo de los años he ido probando diversas maneras de entrenar a mis estudiantes acerca de su función en el mapa natal y las pocas veces que he logrado transmitir mi parecer en lenguaje visual es a través de la pluma de un señor escorpiano de nombre Andrew Neiderman.

El señor Neiderman es un autor que ha continuado la saga de la famosa escritora del género de terror VC Andrews conocida por su novela “Flores en el Ático”.

A la muerte de la señora Andrews y para respetar su estilo, la editorial contrató a Neiderman quién escribió también una novela denominada “El abogado del Diablo” en 1990.

Para 1997, Taylor Hackford lleva el proyecto de ese libro a la gran pantalla, contando con Al Pacino en el papel de Lucifer, Keanu Reeves, Charlize Theron -casi nada-; entre otras estrellas.

En una escena sobre el final de la película, Al Pacino encarnando al abogado John Milton, realiza su alegato para convencer a Kevin Lomax protagonizado por Reeves acerca de una intención que le favorece.*

Usted verá; con esta breve escena, Plutón queda presentado en la carta y para mi modelo allí donde se encuentra este astro, se encuentra el diablo en nuestras cartas.

Bien; es momento de montar nuestra escenografía:

Goes y Punta Carretas, los dos escenarios de la obra

Desde la década de los setenta del siglo veinte, Montevideo siguió una polarización común en Latinoamérica que separó la geografía humana y económica con arreglo a los distintos barrios que constituyen la capital del país.

En general, Avenida Italia y una parte de la Avenida 18 de julio comenzaron a distribuir a las propiedades y por tanto a las familias según su poder adquisitivo, mediante valores inmobiliarios más altos al Sur y digamos populares o de un valor inferior por metro cuadrado al Norte.

El barrio Goes pertenece a esta última clasificación y tiene su origen en el emplazamiento del antiguo mercado de frutos ya presente en el siglo diecinueve, alrededor del perímetro conformado por las calles José L. Terra, Marcelino Sosa, Yatay e Isidoro de María.

Hacia el tiempo de nuestra historia ya el barrio había cambiado su perfil y se componía de una mezcla de casas de familia de construcción económica, salpicadas de servicios de mecánica automotriz, chapa y pintura, tiendas de reparación de equipamiento industrial y pequeños comercios.

Todavía hoy en día, se puede escuchar la música proveniente de los aparatos de radio en donde algunos tangos acompañan a los talleristas, contrapuestos a fuerza de volumen por las mujeres que cuelgan la ropa en las azoteas apretadas usando a Luis Miguel y sus boleros noventosos como arma principal.

Los perros de los vecinos permanecen ajenos a los problemas de la seguridad vial y cruzan la calle despacio porque además, lo irregular del pavimento sumado a los baches, impiden que cualquier vehículo circule rápido.

Si tiene tiempo de esperar una media hora antes de las doce, ahora que el mate ya se enfrió, los olores a fritura campean en el barrio y el aroma del ajo y la cebolla destacan claramente, mientras hay que apurarse porque es momento de ir a buscar a los gurises (o botijas como me gusta llamarles todavía) a la escuela porque termina el turno de la mañana.

Es el ritmo del barrio.

Unos kilómetros al Sur, ya sobre el Río de la Plata, el lugar denominado Punta de las Carretas ha cambiado su ropaje rápidamente y es similar al modelo urbanístico de las ciudades modernas europeas; es más, muchos viajeros ven en la rambla de Montevideo a esa altura un parecido sorprendente con su par de Barcelona.

Edificios muy altos, autos muy caros y no hay muchos gurises en la escuela pública; ni se le ocurra pensar en cuatro o cinco de ellos corriendo detrás de una pelota en la calle.

En este barrio, los chicos van al colegio

Eso sí, en camioneta; nada de pisar la calle.

El principal centro comercial de Punta Carretas, erigido sobre el antiguo penal del mismo nombre, cuenta con hotelería cinco estrellas y numerosos visitantes extranjeros que asisten a su oferta variada de servicios.

Punta Carretas es, en todo sentido un lugar “chic”. Un verdadero paraíso del paradigma urbano actual, solamente salpicado por el sonido apagado de los neumáticos en la rambla.

Muchos propietarios que tienen el privilegio de vivir de cara al estuario, son profesionales universitarios exitosos y viven una vida llena de certezas, alejando convenientemente su vestimenta de los olores a comida, que de ello, se encarga el servicio.

Descenso al purgatorio

Cuando Patricia me llama por una consulta en 2009 de parte de Sandra, una amiga suya que he visto un tiempo atrás, no sé qué puede estar buscando en un practicante rústico de una Astrología predictiva; así que tomo sus datos y sin hacer más preguntas, concertamos una cita en el estudio de la calle 21 de setiembre.

Con el correr de los kilómetros del oficio ya por ese entonces estaba advertido del denominado “comportamiento etológico”; esto es, obtener algunos parámetros adicionales de mi consultante por su gestualidad y postura, más allá de lo escrito en su cielo de nacimiento.

Los breves antecedentes que comparte conmigo sin que yo le pregunte, subrayan que está felizmente casada con tres chicas, trabajando conjuntamente con su esposo quién es además su colega en un estudio jurídico notarial con cierto prestigio si bien aún ninguno de ellos ha llegado a su década de los cuarenta todavía.

Cuando le pregunto entonces qué le trae a mi esquina; me contesta:

Estamos por hacer unas inversiones en el Este y quisiera saber qué tal estará nuestra economía durante los próximos dos años.

La mujer cuidada, vestida elegante, con sus zapatos de marca, su teléfono móvil Apple -faltaba más-, su pelo perfecto y una sonrisa medida; contrasta horriblemente con lo que me “grita” su carta y sus gestos defensivos.

Ya ve; tengo yo que andar intermediando entre mis sentidos -mi tonal en términos chamánicos- con el veredicto de su carta -o sea, mi nahual, bah- y eso a veces, es medio complejo le diré.

Tedio.

Todo es un tedio.

El partido de hockey cada sábado de mañana de las chicas, compartiendo la tribuna con el grupo de madres en el country del colegio es un tedio.

Las conversaciones con sus amigas de juventud sobre los mismos temas: de los divorcios, sus amantes, los pasatiempos sin sentido como excusa, los problemas escolares de los chicos, el dinero y los viajes son también; un tedio.

Muy parecido al ruido apagado de los neumáticos en la rambla de Punta Carretas enfrente al décimo piso en donde vive.

El gimnasio para cuidarse con la dieta adecuada es un tedio; también.

Ya tuvo éxito material y académico, ya tiene su pareja desde la facultad; un buen hombre correcto y que juega al fútbol cinco cada jueves a la noche y como se debe, hace sus chequeos médicos en tiempo y forma.

Y están “todos bien“.

El frente de tormenta

Bueno; ahí estoy yo detrás del escritorio con Patricia que espera “algo” de la carta de vientos.

Mientras conversamos, en un acto de preparación; pongo otra leña en la estufa enorme que tiene el estudio. Al ser una casa vieja, en cada invierno tenía que llevar un monte nativo completo para subir la temperatura ya que la habitación que servía de consultorio era la sala central de la casa con su techo alto, así que había que calentar algo más de treinta metros cuadrados.

Este reflejo lo hago porque necesitaré algo de valor para un planteo al menos insólito.

Ahí voy una vez más; aferrado al tobogán del pronóstico que una vez lanzado, ya no tendrá vuelta atrás.

Observe bien la carta:

Entre la multitud de factores resalta Plutón, es decir el Hades; el jefe del infierno; con sus locuras, pero sobre todo con sus colores y sabores ya que, en su reino pasan la noche Marte, la Luna, Venus y Júpiter.

En forma accesoria todo ello lo hacen en el dormitorio de Patricia.

Simplemente que han sido negados en sus impulsos por el emplazamiento de Saturno desde Tauro, pero por sobre todas las cosas en el equilibrio que debe expresar el sector XI, faltaba más.

En el tránsito que uso como herramienta de cronometría se suma Marte a Plutón preparándose para pasar en un sólo tirón por encima de su Sol en el sector VII a finales del año siguiente a la entrevista; ese mismo diablo (Plutón) ya vendría triturando su vida íntima desde meses atrás en el primer retorno; así que empiezo:

Mirá Patricia, sé que lo que te trajo a mi consulta es otro tema; pero me debo a mi oficio y tengo que decirte mirando tu carta que cuando esté por terminar el 2010 tu vida dará un vuelco para siempre. —empecé.

A raíz de una circunstancia fortuita que se desencadena a gran velocidad, tu vida íntima tendrá un giro mayor. Si yo tuviese que medirlo con un sismógrafo, diría que es un terremoto 10 en la escala de Richter; es decir, algo épico o apocalíptico; una verdadera catástrofe para tu entorno (observe a Saturno desde el otro lado en la XI), pero un tesoro para vos, tu vida afectiva y lo más importante: tu intimidad.

Patricia hizo una mueca.

Asumo que pensó que yo trataba de decirle algo impresionante que saliera de la media del tedio de toda su vida, para sonar enigmático.

Bien, gracias. No tengo más preguntas. ¿Cuánto debo?

Enseguida terminó el asunto y me quedé algo molesto porque siempre que el sistema me fuerza a pronósticos caóticos, quedo expuesto a la consideración de mi consultante que piensa que digo lo que digo, no por la técnica de mi oficio, sino porque pareciese que quiero marcar mi lectura con algo especial.

Pero bueno; media hora más tarde de despedir a Patricia, entró la siguiente persona y aquella entrevista pasó a ser un número más en mi expediente 2009. Fin del trámite.

O más bien, fin de esa instancia del trámite.

La lujuria de Plutón

Una de las cosas de las que me gusta repetir, es la particularidad acerca del número de mi teléfono fijo de consulta, puesto es el mismo desde 1984.

Tengo allí el mensaje en la grabadora de voz, con el mismo número de móvil también desde el 2003.

A finales del 2011, recibo una llamada:

¡Hola Alvaro, habla Patricia! ¿Cómo estás? No sabés cuánto me acordé de vos. Necesito verte.

Por supuesto que no reconocí a Patricia; no ya por su voz, sino porque tengo como costumbre no solicitar nunca los apellidos de mis consultantes.

Sin embargo mi sorpresa fue mayúscula cuando cotejé en la base de datos que se trataba de la misma Patricia del 2009, con el desagradable final de entrevista.

Me había pedido hora lo antes posible.

Lo que me resonó más fue el tono alegre de voz en el teléfono, pero bueno; ya tendría yo la opción de verle un par de días después.

En verdad, Patricia estaba exultante; algo desalineada respecto de mi recuerdo, pero se reía y se movía como si algo en su interior tuviese un tipo de electricidad diferente y su mirada asemejaba otra persona, nadie que yo recordara un par de años atrás. Durante la entrevista, ningún vestigio etológico de contracción física en lo más mínimo; por el contrario, se mantuvo relajada y sonriente durante todo el tiempo.

Entonces empezó su relato:

Uff, bueno mirá:

Te cuento que, cuando te vine a ver en el 2009, no te creí nada la verdad. Inclusive le comenté a Sandra: Me dijo cualquiera para impresionarme; no sé si ella te habrá dicho. —siguió

Negué con la cabeza, pero no me dio tiempo a contestarle porque continuaba hablando sin pausa:

Resulta que choqué con el auto hace poco más de un año, sabés.

Un choque menor, pero entonces vino el seguro y me indicaron un taller para reparar la valija del auto ahí en la zona de Goes, ¿ubicás?

Eh, no; en realidad sé que por ahí hay talleristas de las empresas aseguradoras, —ensayé, pero no me dejó terminar

Bueno, fui al taller y me puse a hablar con Ricardo, que es escorpiano ¿viste? Muy loco todo ¿no?

Yo pensé para mis adentros qué habría querido decir con lo de “muy loco todo

Entonces, ta; hubo piel, no sé. Estoy re enamorada y vivo con él.

No sabés el lío que se armó en casa. Mi ex marido no entendía nada, pobre. Mis hijas no me querían hablar. —continuó

Y yo dije, bueno; la vida es una sola y yo estoy bárbara y la verdad nunca pensé que se podía pasar tan bien con un tipo en la intimidad, ¿no?

A estas alturas yo evaluaba si Ricardo no le suministraría alguna sustancia trópica a Patricia, sin embargo lo que yo pensara, no era precisamente importante.

Ahora mis hijas están mejor conmigo y eso está bueno, porque creo que entendieron viendo que su madre es feliz y eso es lo que importa, ¿no te parece?

Al piso de Punta Carretas no fui más. Me mandaron todo lo mío a la casa de Ricardo al lado del taller en Goes y estoy arreglando para ver a mis hijas más seguido porque en principio me pareció lo mejor que se quedaran con el padre.

Me maté de la risa el otro día porque llevé a Ricardo al cumple de una de mis amigas y él no habló en toda la reunión; solamente decía a veces “si” o “no” y nada más.

Sabés una cosa Alvaro:

Nosotros no precisamos hablar mucho, ¿me entendés?

Mientras escribo estas líneas, estoy seguro que Patricia estará colgando la ropa interior en la azotea de la casa de Ricardo en donde tendrá ahora su pequeño escritorio jurídico notarial, tarareando la mejor versión que he escuchado de Luis Miguel sobre el bolero escrito por Carlos Arturo Briz.

Por cierto, allí se describe un interesante tratado astrológico en algunas relaciones entre Capricornio y Escorpio:

Esta historia merece el espacio entre mis consultas destacadas puesto que nos merecemos un poco de compasión sobre nuestros pecados y quién mejor que el diablo para entendernos sin juzgar ¿verdad?

Si le ha interesado “La lujuria de Plutón” aguardo sus comentarios abajo o si prefiere, puede completar el formulario en la pestaña Contacto.


*Who are you carrying all those bricks for

ever? God?

Is that it?

God?

I’ll tell you…

…Let me give you a little inside information

about God.

God Likes to watch.

He’s a prankster.

Think about it.

He gives man…

…instincts.

He gives you this extraordinary gift,

and then what does He do?

I swear, for his own amusement…

…his own private, cosmic…

…gag reel…

…He sets the rules in opposition.

It’s the goof of all time.

Look, but don’t touch.

Touch, but don’t taste.

Taste, but don’t swallow.

And while you’re jumping from one foot

to the next, what is He doing?

He’s laughing his sick, fucking ass off!

He’s a tightass!

He’s a sadist!

He’s an absentee landlord!

Worship that? Never!

”Better to reign in Hell

than serve in Heaven,” is that it?

Why not?

I’m here on the ground with my nose in it

since the whole thing began!

I’ve nurtured every sensation

man has been inspired to have!

I cared about what he wanted

and I never judged him!

Why? Because I never rejected him,

in spite of all his imperfections!

I’m a fan of man!

I’m a humanist.

Maybe the last humanist.

Who, in their right mind…

…Kevin, could possibly deny…

…the 20th century was entirely mine?

ALL of it, Kevin!

ALL of it.

Mine.

I’m peaking, Kevin.

It’s my time now.

It’s our time.

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